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El hambre emocional: qué es, cómo identificarlo y qué hacer para gestionarlo.

¿Alguna vez has experimentado esa sensación en la que necesitas comer para aliviar tu malestar? El hambre emocional es una estrategia desadaptativa de regulación emocional que consiste en usar la comida para calmar emociones o sensaciones físicas desagradables como la ansiedad, el enfado, la tristeza, el aburrimiento, el vacío…

Esta sensación de hambre se diferencia del hambre real ya que NO es nuestro cuerpo el que nos indica que necesita comer para cubrir la necesidad básica de nutrirnos, tiene que ver más con cubrir a través de la comida necesidades emocionales. Podemos distinguirlo porque siempre nos apetece un tipo de alimento determinado, generalmente procesados o grasos, aparece de una manera abrupta, la sentimos y la deseamos cubrir con cierta ansiedad o compulsión.

Esto, en un primer momento, nos genera calma o tranquilidad por activar el centro de saciación de nuestro cerebro, lo cual genera placer. Lo que ocurre es que esa comida no está siendo lo que verdaderamente necesitamos. Tal vez necesitamos poner un límite, hablar de lo que sentimos con alguien querido, hacer algo agradable, gestionar una situación complicada… y la comida no puede hacer eso por nosotros. Como la necesidad emocional sigue sin ser cubierta, a medio y largo plazo no vamos a encontrarnos mejor.

 

El papel de la comida en la sociedad

Generalmente quedamos a comer, a tomar algo, a cenar, a merendar, a desayunar… Parte de nuestro ocio, por no decir la mayoría, se hace alrededor de la comida. Probablemente muchas de estas veces hayamos comido pero no por cubrir la necesidad de alimentarnos. Además, en muchas familias se come viendo la tele o charlando sin prestar atención a la comida e incluso se utiliza esta como un premio o un castigo. En el trabajo o en el colegio podemos llegar a comer con prisa porque tenemos que volver a una reunión o a una tarea pendiente, o queremos acabar lo antes posible para ir al recreo… Cosas que nos alejan de la verdadera conexión con la comida, la necesidad de nutrirnos y el cuerpo.

 

¿Y en la parte cultural?

¿Quién no ha visto una película donde X ha dejado a Y y encontramos a Y sentad@ en el sofá con una tarrina de helado gigante y llorando mientras piensa en la ruptura?

Todo esto no tiene por qué ser demonizado mientras tenga un equilibrio funcional en nuestro contexto y no se convierta en la estrategia principal de regulación emocional. Siempre y cuando no dejemos a un lado de lo que verdaderamente nos tenemos que hacer cargo y que no se cree esa conexión perversa entre la comida y la emoción.

 

¿Te sientes identificado/a?

  1. Presta atención ante qué emociones se suele despertar en tí esa necesidad de comer de manera emocional. Date cuenta de si hay algún patrón detrás de ello, puede ser interesante para trabajarlo.
  2. Busca alternativas de regulación emocional saludables que cubran de una manera más ajustada esa necesidad que estás teniendo. Si por ejemplo lo que sientes es un vacío que te conecta con soledad, intenta buscar compañía, llamar a un buen amigo o incluso expresar por escrito cómo te sientes. Si tienes una mascota, prueba a acariciarla o a darle un paseo… Observa cómo te has sentido después. Si crees que se trata de una emoción que está generando en tí un nudo y no sabes cómo desenredarlo, prueba a ponerte manos a la obra para buscar ayuda psicológica que te pueda guiarte en sanar esas heridas
  3. Haz un botiquín emocional para aquellas emociones que identifiques detrás del hambre emocional con las estrategias que has ido probando y que hayan funcionado para que cuando tengas un mal momento, sea más fácil acudir a esas estrategias en caso de que apareciera un bloqueo.


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